domingo, 22 de abril de 2012

Hiper-legitimados y maricomplejines


Como ya dije, desde hace tres siglos, la pregunta subyacente al pensamiento Español es esta: "Por qué no somos tan ricos como los vecinos del Norte y quien es el culpable?". Esta es una pregunta propia de gente localista y mezquina, preocupada únicamente por si misma,  que no tiene la menor intención de aportar nada de validez universal.  Quizá  esa es el ensimismamiento en el que cae inevitablemente el que fué el primero y se convirtió en segundón. Quizá es el tipo de decadencia que hay que pagar por haber dominado el mundo.

La decandencia se manifiesta en la forma de enfermedades sociales. Argentina, qno fue el país mas rico y culto del mundo, intelectualizó su decadencia con la teoría económica de la dependencia;  Los malditos Yankis y ahora los malditos Españoles dominamos Argentina y explotamos los recursos de los pobres gauchos. Esa disculpa es la idiotez a mano de un país de reciente origen colonial. Y no está exenta de mérito, porque esa patraña en forma de enemigo exterior mantiene unidos como una piña a los argentinos de derechas e izquierdas y hace posible el Peronismo, que no es de izquierdas, ni de derechas, sino un Movimiento Nacional.  En el caso de España, el pasado colonial queda demasiado lejos como para echar la culpa a los Romanos, aunque intentos no han faltado. Pero, nuestra larga historia da para una larga lista de candidatos a culpables externos y, sobretodo, internos. 


Es una batalla perdida para la razón y para el respeto a la realidad histórica el hecho de buscar culpables, porque cualquiera que asuma parte de la historia de España, por mínima que sea, tiene todas las de perder ante alguien que no asuma nada de ella. Cuanto mayor sea la cantidad de conceptos que uno asuma de la historia de España, mas se expone uno a ser presunto culpable. Un católico, cuya confesión influye en todo lo largo de la historia de aquí, tiene todas las de perder en ese tipo de discusiones con un protestante, que no ha tenido ningún papel y por tanto ninguna culpa achacable. Un Pepero centrista, que asume alguna que otra brizna de lo que ha ocurrido, tiene todas las de perder ante un nacionalista aldeano, o un socialista zapaterino, cuya "realidad histórica" está aún por venir y cuyo pasado que admite, se reduce, en todo caso, a inventados episodios de  victimismo.

Por eso, ante ese desigual campo de batalla en esa guerra perdida para la razón, es normal que surjan como hongos los adanistas de todas las especies e ideologias, que nacen cada mañana limpios de polvo y paja, sin historia, y por tanto, sin culpas y cuya preocupación es encontrar el culpable de hoy.  El camuflaje es perfecto porque garantiza la invisibilidad y la impenetrabilidad ante la critica. En ese deporte de tirar indiscriminadamente a los pocos que asumimos la realidad y la historia, los adanistas concluyen finalmente, para no discutir entre ellos, que el verdadero culpable interior es el mismo concepto de España y su realidad histórica, que hay que negar. Y si les apuran y hay que buscar un enemigo exterior, los mas radicales concluyen o concluirán a no tardar mucho, que el culpable es la misma realidad con sus leyes inmutables y opresivas. Para que andar con sutilizas.  

Lo que produce este tipo de "bucle melancólico" son por un lado, los consabidos adanistas hiper-legitimados, es decir, los protestantes, los socialistas, nacionalistas, ecologistas y demás istas, sin dejar de mencionar a la meritoria aunque minoritaria rama de mis amigos anarcocapitalistas. Por otro lado, abrumados por los ladridos de los adanistas, los que asumimos esta u otra parte de la historia dolorosa de España, no solo la inventada a medida del victimismo adanista, nos trasnsformamos en  lo que Losantos llama Maricomplejines. 

Excepto los que no nos resignamos a ceder ante este ataque frontal a la Razón y  a la Historia


Postdata: Los protestantes inventaron la Leyenda negra contra España. Copiando ese sistema de guerra ideológica, la izquierda ha inventado su Leyenda negra contra todo Occidente, incluidos los protestantes. Aqui está la raiz del auto-odio de Occidente consigo mismo. Hasta que no salgamos de esta irracionalidad anti-histórica no tendremos remedio.







4 comentarios:

  1. Sin comentarios, para que decir algo si esta bastante claro.

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  2. Pues el autoodio es una enfermedad de difícil cura... Por no decir incurable...

    Saludos

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  3. Esto de buscar al culpable - que, por definición es otro- rápidamente se muta en su espejo y figura "real" -en el sentido de "lo que ocurre de verdad mayoritariamente de lunes a viernes- , a saber:

    Que mejor todavía que encontrar a un culpable , cuya búsqueda siempre es trabajosa y difícil, es econtrar, precisamente, a un inocente, y apiolarle para que con su castigo todo el mundo se quede tranquilo y limpito.
    Esa vieja institución, la del chivo expiatorio, cada vez la encuentro más refinada, maquiavélica y brutalmente eficaz.

    La versión que practicamos desde hace ya varios siglos,a saber, que hay que buscar a cualquiera, hacerle pasar por culpable y apiolarle, como hacen los polis corruptos, aunque parece más racional, en realidad es muy defectuosa, ya que en el fondo todos saben la contradicción en la que se mueven y que, a cambio de "eficacias simbólicas y psi", le precio que hay que pagar es que el culpable real, el hi de puta de turno, quede siempre impune y , aún peor, acabe siendo el que organice el festín sacrificial una y otra vez.

    Porque, culpables hay siempre, de Caín en adelante, que no en vano fundó la primera ciudad...

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  4. De acuerdo, matizaría algo pero no desvirtualizaria lo dicho por tí, yo por mi parte he realizado mi propia catarsis y he prescindido de esas etiquetas y me he blindado contra lo que atinadamente señalas en el artículo, siendo por tanto inmune a las diatribas de los hiper-legitimados… He dejado de arrastrar la cualpa desde Adan hasta ahora.
    Desde este momento, son ellos los hiper-legitimados los que me tienen que aguantar y soportar que un día si y otro también les ponga frente al espejo (he de decir que no les gusta nada).
    Un saludo, como siempre atinado.

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