domingo, 5 de mayo de 2013

La merienda de los idiotas

Una de las caracteristicas de esta época es la cobardía, la renuncia a la confrontación, también la confrontación de las ideas, en nombre de un culto a una tolerancia más allá de lo imprescindible para la convivencia, que es en si la causa de que la cobardía se haya convertido en virtud. Eso paradójicamente, en la era de la tolerancia, coexiste con un enorme incremento de delitos y agresiones por otras causas, lo cual no es tal paradoja, porque una consecuencia de la no confrontación de las ideas, es que los idiotas, con sus ideas y sus actos alocados campan por sus respetos, ya que no han sufrido confrontación alguna. Los mas conocedores son mas prudentes, porque saben lo que no saben. Pero la ignorancia es atrevida y por tanto siempre gana a la prudencia por pura osmosis, si se evita la confrontación con ellos. La idiotez es mas contagiosa que la sabiduria y lo que no se confronta en el plano moral o intelectual luego hay que confrontarlo en el plano del delito. Soy consciente de que hablo el un lenguaje del pasado. Ahora a nadie se le ocurre pensar en esos terminos.

Bajo este ambiente, el insulto que hubiera antes desencadenado una confrontación a fondo, verbal o física, después de la cual las cosas hubieran quedado claras para cualquier observador, ahora se prohíbe de entrada, de manera que lo que pudiera ser un diagnostico certero "usted es un idiota" se convierte en algo que descalifica a quien lo profiere, sin más. El efecto es que el idiota de verdad campa por sus respetos y no hay manera de rebatirle, porque no hay manera de rebatir a un idiota sin decirle que es un idiota.  Se escurrirá con sus razonamientos averiados y recibirá el aplauso de otros idiotas. El idiota es una plaga, y si crece, se convierte en incontrolable. ocupan la política y los medios y demás empresas privadas adosadas al poder y se ponen a hacer idioteces hasta que se llega a un punto de no retorno, del que hablo al final. Todo ello por la inacción de los buenos de la que habla Burke.

Llamar a alguien idiota es una apelación al consenso de los demás acerca de si ese tio es un idiota. Es algo con mucho riesgo y tiene uno que estar muy seguro de si mismo. Es solo la conclusión adelantada de un razonamiento posterior: "Mire, voy a demostrar a todo el mundo que es usted un idiota, y el argumento es el siguiente..." o la conclusión de un proceso anterior. De esa confrontación no puede salir nada ambiguo, es un duelo a muerte en el campo de la argumentación. Este tipo confrontación es una desgracia, pero es inevitable en una sociedad en la que por decreto todos son iguales sin serlo. Indefectiblemente el mas idiota, con su ignorancia atrevida y sus enfermedades morales, intentará ser mas igual que los demás y habrá que defenderse. Es el problema cuando las cosas no están claras en un magma de relativismo e igualdad ficticia.

No hay una clasificación clara de lo que ahora se llama insulto, etimológicamente, asalto. Anteriormente si la había. Ahora no distinguimos entre idiota y tonto, estúpido etc. cuando los filósofos antiguos dedicaron su tiempo a clasificarlos y la gente llana a distinguirlos. Está claro que para los primeros eran diagnósticos certeros de enfermedades morales e intelectuales y para los segundos unos tipos de afrentas que había que distinguir entre si. No es lo mismo que llamen idiota (persona que solo habla su lengua materna) a un villano (que vive en la villa) del siglo XII,  lo cual no puede mas que definirle, y por tanto no hay afrenta, que llamar villano e idiota a un conde. 

Santo Tomás, siguiendo a Aristóteles dedicó su tiempo a distinguir las diferentes formas de estulticia porque una persona dedicada al saber y a la discusión razonada necesita necesariamente entender al que tiene delante y de que manera se le puede abordar. No con prepotencia ni superioridad con el objeto quedar encima, que es como ahora se entiende una discusión incluso si es razonada, ya que ahora todo es igual de valido de entrada, por tanto la discusión no puede tener por objetivo la verdad, que la tienen todos, sino el vencer. En cambio para el antiguo hay una sola verdad y el convencer a los demás es el motivo del estudio de sus flaquezas.  En cambio ahora no se trata de convencer ni se deja ser convencido, sino de mostrar quien tiene mas primos de Zumosol detrás: a los primos de Zumosol se los llaman "hechos" "estadísticas" "noticias" algo que se supone que hasta un idiota debe aceptar, pero el otro tiene una forma distinta de analizar esos mismos hechos o tiene otros a su favor. En cualquier caso la ausencia de la idea de que existe una sola verdad, impide a ambos buscarla en común y la discusión se convierte, simplemente, en una pelea amable, de sonrisas, a ver quien queda encima o es mas pesado, ya que la confrontación está prohibida, y por tanto de ese encuentro no saldrá nada. el idiota seguirá con sus idioteces, y el sabio no aprenderá nada nuevo.

El efecto de esa acumulación de idiotas y la ausencia de pequeños conflictos que los eliminen mediante la ridiculización, la critica, el sarcasmo, es similar a los terremotos: Una ciudad que sufre pequeños movimientos de tierra en una zona sísmica es difícil que sufra un terremoto grande. Pero sin embargo si no hay esos pequeños terremotos es mas posible que se desencadene uno con grandes daños.  Lo mismo ocurre con la ausencia de conflictos: la igualdad y la tolerancia elevada a un lugar sagrado mas allá de lo imprescindible para la convivencia, en un clima de relativismo no pueden otra cosa que dar mas poder a los idiotas, y tarde o temprano habrá un gran conflicto. Esta es quizá lo que se observa en la historia desde que impera esa forma de pensar.

Como dije antes,  El idiota es una plaga, y si crece, se convierte en incontrolable. ocupan la política y los medios y proponen idioteces hasta que se llega a un punto de no retorno. Todo ello por la inacción de los buenos, de la que hablaba Burke.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada